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Amor, protección y estímulo
No soy nada amigo de simplificar los procesos porque sí, de forma gratuita. A todos les sonarán títulos de libro del tipo “deje de fumar en no sé cuántos pasos”, y de ese estilo. Pero la reducción me parece positiva cuando es en clave nemotécnica, para recordar la base de algo, eso sí, siempre que sepamos que esos conceptos son la punta del iceberg, lo que asoma de lo que luego hay que desarrollar. De menos a más.
Por ejemplo, en la educación de un niño, suelo tener siempre presente tres conceptos: amor, protección y estímulo (no válidos para educadores que creen que los niños son fieras malintencionadas, pequeños monstruos); según Kevin Roberts -y lo comparto-, una marca debe inspirar sensualidad, intimidad y misterio (conceptos aplicables a una relación sentimental -lealtad más allá de la razón-); ¿y cuáles serían recomendables considerar para un proyecto empresarial en Internet? Déjenme sugerir los siguientes: planificación, desarrollo y seguimiento, pensando en el antes, durante y después, única y exclusivamente en los usuarios y sus necesidades, lo que ha impulsado el fenómeno web 2.0 y hará lo propio con las etapas que vengan. Conseguiremos así una adaptación constante al medio, la posibilidad de reinventarnos sin traumas, corregir desviaciones de forma inmediata, etc. Así de simple. ¿Por qué a tantos les cuesta comprenderlo, y sobre todo, aplicarlo?
Se admiten sugerencias que complementen la fórmula anteriormente indicada.