En muy poco tiempo, Internet se ha llenado de aplicaciones on-line con un éxito rotundo. Si hace años nos centrábamos en el software que teníamos instalado en el ordenador, lo que ahora más demandamos son herramientas que están en Internet: paquetes de ofimática web, los servicios de Google, álbumes de fotos, redes sociales, etc. Los ordenadores han pasado a ser, sobre todo, el producto con el que nos conectamos.
El hecho de tener y manejar la información en línea, significa que podemos disponer de ella en cualquier momento, desde cualquier dispositivo que tenga conexión a Internet, sin necesidad de portar un disco duro o memoria que estar sincronizando. Por ejemplo, pongamos el caso de que tengo a varios familiares que residen en diferentes partes del mundo. Todos conocen una dirección de un álbum de fotos como Picassa, que previamente les he facilitado. Es el bautizo de un sobrino. Saco con el móvil las fotos del bautizo y sobre la marcha las subo al álbum, pudiendo todos verlas casi desde el momento en el que se producen, con la posibilidad de que las comenten, las descarguen, entre otras opciones. Si además creo una hoja de cálculo de Google Docs, mis familiares que sí residen cerca, podrán confirmar su asistencia apuntándose en ella: un mismo documento del que muchos participan.
Poco estoy descubriendo a los más entendidos, lo sé. Todo esto lo digo porque a ese conjunto de informaciones (vídeos, fotos, documentos, etc.) que tenemos colgada en la Red y que compartimos, a la que accedemos mediante aplicaciones existentes en múltiples dispositivos con conexión a Internet, es lo que se llama cloud computing.
El acceso compartido a la información (creada por terceros o por los propios usuarios) y la figura de los prosumers (usuarios que no sólo consumen contenido sino que lo producen) está siendo la auténtica base social de lo que denominamos web 2.0. El dominio del cloud computing (aquí todos pensamos en Google) o tener un trocito de esa nube para hacer negocio, es lo que todos los innovadores de la Red buscan.
Ya estamos, prácticamente, en el último trimestre del año, y toca ir pensando en posibles sorpresas de finales de 2008, así como en aquello que destacará en las informaciones tecnológicas de 2009. ¿Vamos jugando a ello? De momento, apuesto por cada vez más dispositivos que realmente tengan un valor a la hora de conectarse a Internet, como el iPhone; por lo demás, no veo nada más allá del asentamiento de Google en el dominio de la nube antes referida, aunque con mayor diversidad de herramientas sociales.





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