Mientras las discográficas siguen llorando, terceras partes se dedican a pensar en el consumidor y a buscar modelos de negocio que aporten valor al usuario y beneficio a las partes implicadas. Y apareció Spotify. Aunque otros sistemas parecidos estuvieron antes, poco duraron debido a su mal planteamiento; Spotify nació con una base mucho más sólida por razones a continuación comentadas.
El futuro marcado por Internet se aleja de la posesión de contenidos, acercándose cada vez más al acceso a los mismos. No es cuestión de que tenga que descargarme algo en mi ordenador para disfrutarlo, basta con entrar en el lugar de la nube donde está, para escucharlo desde allí, es decir, lo que se denomina streaming, concepto resurgido por Youtube, que lleva años haciendo lo propio con los vídeos.
Las claves del éxito de este programa que se descarga y desde el cual podemos acceder a más de seis millones de canciones -se suben miles nuevas a diario-, son, en mi opinión, las siguientes:
- Sencillez de uso, con una apariencia parecida a los programas de descarga P2P.
- Eficacia en la reproducción, siendo ésta inmediata y de una calidad más que aceptable.
- Enorme catálogo musical.
En definitiva: valor, valor y valor. Entonces, ¿dónde está el negocio y por qué no se ven artistas a cada rato metiéndose con Spotify en programas televisivos o de radio? Porque a diferencia de la piratería, aquí parece que todas las partes se llevan algo. Hay ingresos por existir una modalidad de pago (9,99 euros mensuales) que, a diferencia de la estándar, no cuenta con cuñas publicitarias, aunque éstas aún no son tan invasivas -lo contrario que en la radio-. Hay acuerdos con las discográficas y sociedades que gestionan los derechos de autor; en fin, todos contentos. Para un crecimiento firme del producto, los dos suecos veinteañeros que han parido la criatura, proponen un sistema de acceso por invitación, como sucede con Tuenti, restringido a su antojo para reducir el riesgo de una muerte por éxito.
En España ya son 800.000 usuarios de los 5.000.000 que usan Spotify, sin olvidar que en nuestro país hay una cola de 60.000 que esperan por su invitación. Este modelo, que como comenté al principio del post responde al acceso y no la posesión, triunfará, ya que además, cuando el acceso a Internet sea mucho mayor y multiforme, el sistema crecerá automáticamente, de hecho, desde móviles iPhone y dispositivos con el sistema operativo Android de Google, siempre que contemos con una suscripción mensual, podemos entrar en nuestras listas y escuchar lo mismo que en el ordenador del trabajo o el portátil de casa.
La nube cada vez más densa de contenidos y la reproducción multimedia a modo de streaming, son el futuro. La gran esperanza para los que soñamos con una mayor universalización de la música. Hay buenas ideas y un sinfín de posibilidades de sacar jugo a la Red. Si en todo esto hay algo de pesimismo por mi parte, es por el abuso de las operadoras a la hora de facilitar un acceso barato y de calidad a Internet. Todo un retraso.





1 Comentario
a quién hay que matar para conseguir una invitación?